Sociedad


Durante años, distintos sectores ideológicos, mediáticos e incluso eclesiásticos han intentado presentar el culto a la Pachamama como una manifestación meramente folclórica, una espiritualidad inofensiva asociada a la naturaleza o una expresión poética de creencia indigenista. Sin embargo, al analizar la realidad sin filtros propagandísticos ni evasiones morales, emerge un panorama mucho más perturbador. En pleno siglo XXI, en Bolivia y Perú, continúan apareciendo testimonios e investigaciones periodísticas que vinculan estas prácticas con sacrificios humanos reales. Lejos de cualquier idealización sobre “sabiduría ancestral”, de la romantización de una supuesta “espiritualidad de los pueblos” o de apelaciones al “diálogo intercultural” para blanquear el horror, lo que se perfila es una lógica en la que hay una divinización de la tierra que reclama sangre, y hay hombres dispuestos a dársela.

Persisten los sacrificios humanos vinculados con el culto a la Pachamama

2026-03-18
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Durante años, distintos sectores ideológicos, mediáticos e incluso eclesiásticos han intentado presentar el culto a la Pachamama como una manifestación meramente folclórica, una espiritualidad inofensiva asociada a la naturaleza o una expresión poética de creencia indigenista. Sin embargo, al analizar la realidad sin filtros propagandísticos ni evasiones morales, emerge un panorama mucho más perturbador. En pleno siglo XXI continúan registrándose en Bolivia y Perú, testimonios e investigaciones periodísticas que relacionan este culto con sacrificios humanos reales. No se trata de relatos coloniales ni de exageraciones interesadas, sino de hechos difundidos por medios de comunicación, documentados por periodistas identificables y, en algunos casos, respaldados por procesos judiciales.

Uno de los episodios más impactantes fue expuesto por el periodista Ariel Melgar Cabrera en el diario El Deber. En su reportaje, publicado el 15 de marzo de 2024, se detalla cómo la justicia boliviana condenó a dos individuos por la desaparición de Shirley H. R. A., una joven madre de 25 años desaparecida en 2021. Según la Fiscalía y las investigaciones policiales, la víctima fue engañada, dopada, trasladada sin conocimiento y enterrada en una mina del municipio de Palca como ofrenda a la Pachamama. La acusación asumida por las autoridades judiciales fue clara: se trató de un sacrificio humano. (Ver: ¿Por qué ofrendaron a la Pachamama a una joven madre en La Paz?).

La gravedad de este caso desmonta los discursos que buscan romantizar estas prácticas. La víctima, madre de dos hijos, fue utilizada como objeto ritual con el fin de obtener supuestos beneficios de la tierra. No hay aquí espacio para idealizaciones sobre “sabiduría ancestral” que admirar, ni “espiritualidad de los pueblos” que romantizar, ni “diálogo intercultural” con el que blanquear el horror. Hay una divinización de la tierra que reclama sangre, y hay hombres dispuestos a dársela.

Además, el caso no se trataría de un hecho aislado. El diario boliviano La Prensa publicó un reportaje firmado por la periodista Carmen Challapa bajo el título “Los sacrificios humanos, práctica que pervive en el país”. En este texto se incluye el testimonio de un yatiri (especialista ritual andino) que afirma abiertamente que estas ofrendas continúan realizándose, especialmente en construcciones y explotaciones mineras. Según su relato, la víctima es embriagada hasta perder la conciencia, se ejecuta el ritual y posteriormente es enterrada. Se trata de una descripción interna del procedimiento, no de una denuncia externa. (Ver: Los sacrificios humanos, práctica que pervive en el país).

El mismo artículo recoge también las palabras de la historiadora Sayuri Loza, quien explica que estos sacrificios responden a la creencia de que el alma del sacrificado debe quedar en el lugar para protegerlo. Se trata de una visión religiosa en la que la persona humana deja de ser imagen de Dios y se convierte en material utilizable para estabilizar una obra, custodiar una mina o atraer prosperidad. Es una degradación radical de la dignidad humana, donde el hombre deja de ser fin y pasa a ser instrumento. Cuando la sangre inocente es incorporada al rito, el fenómeno deja de ser simplemente pagano para mostrar una dimensión inequívocamente demoníaca.


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También el medio Telemundo, en el programa Al Rojo Vivo, el 08 de noviembre de 2023, señaló que la fiscalía boliviana investigaba posibles sacrificios humanos en una mina. El reporte mencionaba el hallazgo de cuerpos en contextos vinculados a explotaciones mineras y la sospecha de que las víctimas hubieran sido ofrecidas al llamado “Tío de la mina”, figura asociada a creencias locales. Nuevamente se repite un patrón: ofrendas, violencia, superstición y un trasfondo ritual que no tiene nada de inocente. (Ver: Fiscalía investiga sacrificios humanos en una mina de Bolivia).

Por otro lado, el diario peruano Perú21 informó en 2025 que en el departamento de Ucayali un niño de 11 años había sido enterrado vivo por su tío junto al cuerpo de su abuela fallecida en la comunidad nativa de Chiquitavo, centro poblado de Oventeni, provincia de Atalaya. El niño fue acusado de practicar brujería y de ser el responsable de la muerte de su abuela, quien falleció por tuberculosis. (Ver: ¡HORROR! Niño de 11 años FUE ENTERRADO VIVO tras ser acusado de ser brujo).

Según Jesús Abel Pacheco Vásquez, juez de paz de Oventeni, el tío había sido influenciado por un brujo local que culpó al niño de la muerte de su abuela. Afortunadamente el menor fue rescatado con vida y entregado a su padre biológico, quien decidió presentar una denuncia formal.

El portal Infobae compartió en 2025 un estremecedor caso que conmocionó a la provincia de Santiago de Chuco, en La Libertad, donde un adulto mayor, identificado como Martín Narcizo Cruz, fue asesinado como parte de un ritual minero para incrementar la producción en una mina local. Según declaraciones de sus familiares, el anciano fue sacado de su domicilio en el caserío de Oyón y llevado vivo a la mina para ser sacrificado. (Ver: Adulto mayor habría sido sacrificado en ritual minero para aumentar la producción en La Libertad ).

La nieta de la víctima, Norma Bolaños Narciso, junto a Aydé Salvatierra, una familiar cercana, detallaron que tras el sacrificio, el cuerpo de Martín Narcizo fue introducido en un saco cubierto con mineral y cargado en un volquete, que lo trasladó hasta una planta procesadora ubicada en el Parque Industrial de Trujillo.

“Lo han llevado vivo a la mina, ahí ha muerto mi abuelito, y de ahí lo han recogido ellos en un saco”, declaró una de las familiares.

A la luz de estos hechos, sostener que la Pachamama es solo un símbolo cultural o una expresión inofensiva de religiosidad popular deja de ser una simple interpretación y pasa a ser una negación de evidencias documentadas. Las investigaciones periodísticas obligan a replantear el debate desde los hechos.

Desde una perspectiva cristina, el juicio no puede ser ambiguo. Todo culto que exige sangre humana, todo rito que busca favores mediante inmolaciones, toda espiritualidad que sustituye a Dios por la tierra divinizada y convierte al hombre en víctima propiciatoria pertenece al ámbito de lo idolátrico y, en su forma extrema, de lo demoníaco. No hay “puentes” que tender con una espiritualidad que degrada al hombre hasta convertirlo en material de ofrenda.

La cuestión ya no es si estas prácticas pueden ser reinterpretadas de forma simbólica en congresos académicos o en discursos eclesiásticos biempensantes. La cuestión es que siguen existiendo ejemplos reales, siguen apareciendo investigaciones, siguen surgiendo testimonios, y los medios han documentado que los sacrificios humanos asociados a este universo religioso no son meros hechos culturales.



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