Corea del Norte adopta una postura cautelosa frente al conflicto en Medio Oriente, evitando respaldar abiertamente a Irán y moderando su discurso internacional. Según inteligencia surcoreana, esta estrategia busca no tensionar sus relaciones con Estados Unidos y mantener abiertas las posibilidades de retomar el diálogo diplomático. En medio de presiones económicas y movimientos geopolíticos, Pyongyang estaría reajustando su política exterior con miras a un eventual acercamiento con Washington.
CruzadaInformativaCorea del Norte parece estar alejándose de Irán y ajustando con cautela su discurso público, con el objetivo de no bloquear una posible aproximación futura con Estados Unidos. Así lo indicaron parlamentarios de Corea del Sur, quienes citaron datos del Servicio Nacional de Inteligencia (NIS), según un reporte difundido por el medio Reuters.
Según el NIS, Pyongyang no habría enviado armamento ni asistencia a Irán desde que comenzó el conflicto el 28 de febrero, ni manifestó públicamente condolencias tras la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí. Tampoco se habría pronunciado sobre el nombramiento de su sucesor, Mojtaba Jameneí.
El legislador surcoreano Park Sun-won, quien participó en una sesión informativa confidencial del NIS de acuerdo con Reuters, señaló que esta prudencia responde a una estrategia más amplia de manejo del mensaje internacional del régimen de Kim Jong-un.
En contraste con China y Rusia, que han tenido una postura más visible frente al conflicto, la Cancillería norcoreana solo ha emitido dos comunicados, ambos con un tono moderado. De acuerdo con el NIS, esto se alinea con una tendencia reciente de evitar cuestionamientos directos al presidente estadounidense Donald Trump.
Para la inteligencia surcoreana, esta actitud busca conservar espacio para retomar el diálogo, especialmente considerando la cumbre programada para mayo entre el presidente chino Xi Jinping y Trump.
Este tipo de estrategia no es nueva. Durante el primer gobierno de Trump, Washington y Pyongyang vivieron un inusual acercamiento diplomático que incluyó tres reuniones entre Trump y el líder norcoreano Kim Jong-un: en Singapur (2018), Hanói (2019) y en la zona desmilitarizada entre ambas Coreas ese mismo año. Si bien esas negociaciones no concluyeron en un acuerdo sobre el programa nuclear norcoreano, representaron el mayor nivel de diálogo directo entre ambos países en décadas.
Al mismo tiempo, Corea del Norte atraviesa dificultades económicas vinculadas al conflicto en Medio Oriente, como problemas para acceder a insumos industriales, incremento de precios y presión sobre su moneda. En ese escenario, el país estaría intentando garantizar el abastecimiento de petróleo desde Rusia.
Las señales de posible apertura también se habrían evidenciado en el Noveno Congreso del Partido de los Trabajadores, realizado a fines de febrero, según Reuters. En ese evento, el líder norcoreano Kim Jong-un sostuvo que no habría impedimento para que su país y Estados Unidos “no pudieran llevarse bien”, siempre que Washington reconozca a Corea del Norte como una potencia nuclear y abandone su política hostil.